¿El lastre de la corrupción policial?

Tomado de sullana.wordpress.com

La columna de Alfredo Bullard del sábado 7 de abril, en El Comercio, ¿Y cómo es, jefe?, me causó una cierta desazón.  En su texto, cuestiona la situación actual de descalabro de la policía y critica que no haya mejorado a pesar del crecimiento económico y del avance de la democracia de los últimos años, volviéndose así un lastre para la propia sostenibilidad de esos avances.

Bullard ilustra esta preocupante realidad con referencias a la corrupción de la policía.  La sensación de vacío me llegó por la ausencia de datos o referencias más concretas.  Así que pensé y busqué elementos que me hicieran llenar ese “hueco fáctico”.

Lo primero que me vino a la mente fue un trabajo reciente de Gustavo Yamada y Ricardo Montero, en el que analizan casos de pequeña corrupción en la administración pública a través de datos de las ENAHO 2002 – 2006.  Los autores encuentran que la interacción con la policía es la que genera la mayor proporción de sobornos declarados por los encuestados.  Sin embargo, tal hallazgo exige ser matizado con otro dato:  la frecuencia del uso.  Así, 5% de hogares reporta haber tenido interacción (realizar algún tipo de trámite o acceder a algún servicio) con la policía, y de esa proporción 30% de hogares reportó haber pagado un soborno.

Tomado de Yamada y Montero (2011, P. 33)

Algo está mal si en una institución te piden un soborno de cada tres oportunidades en que se realiza un trámite.  Y está mal así sean muy pocas las interacciones con el ciudadano, en comparación con el extendido uso que tienen trámites en municipios, servicios básicos o de salud.  O sea, en efecto, la cosa no funciona, en la relación policía – ciudadano.

Quiero ir ahora a otra mención del artículo de Bullard que me llama la atención, pues es clave dentro de su argumentación;  pero lamentablemente también carente de información:

Sin embargo, llega un punto en el que el lastre de lo que no funciona hace evidente cómo frena nuestro desarrollo.  No encontrarán un país desarrollado en el que la policía no sea razonablemente buena y honesta.

No basta medir el PBI y los índices de reducción de pobreza. Nunca cruzaremos el horizonte hacia el desarrollo y la justicia con una policía corrupta e ineficiente.

Bueno, no queda otra más que ver datos de otros países.  El Barómetro Global de Corrupción 2010 de Transparencia Internacional, una encuesta global sobre percepciones de corrupción (no confundir con el Índice de Percepciones de Corrpción, también de esta organización), ofrece esta posibilidad.

Al comparar los datos de los países más desarrollados, los del G7, con el de Perú, sale un gráfico como este, en el cual pareciera verificarse que la policía en esos países se comporta de forma, digamos, más honesta que en el Perú, al menos para los encuestados.  Ante la pregunta “¿En qué medida cree que la policía está afectada por la corrupción en su país? (1: en lo absoluto;  5: en extremo)”, el único que tiene un resultado cercano -aunque todavía mejor- al de Perú es Japón.  En todos los demás países, la percepción de los encuestados es notoriamente mejor con respecto a su policía que aquí.  Entonces, sí parece haber diferencias entre países desarrollados y países en desarrollo, según cómo opinan los nacionales con respecto a la corrupción en su policía.

Elaboración propia

Ahora, compararé al Perú con las más potentes economías emergentes, las de los países llamados BRICS (por eso no me referí al G8 en el cuadro anterior:  Rusia encaja mejor en este grupo).  Tal como se puede apreciar, estamos por ahí:  peor que China, similar a Brasil y Rusia y mejor que la India y Sudáfrica.

Elaboración propia

O sea, la percepción sobre corrupción policial no hace diferencias entre economías ultra-dinámicas con las de países en crecimiento como el nuestro.  Lo cual significa que podríamos, eventualmente, llegar a ser una potencia emergente, manteniendo los mismos indicadores con respecto a la policía.  Es decir, para la economía de los BRICS el descontento con la policía no parece haberse vuelto un lastre.  (Sin embargo, no hay que dejar de notar que otros indicadores se comportan de forma muy similar, lo cual obliga a no anclar la discusión sobre crecimiento económico a los “lastres” que se pueda intuir.  Las reformas a la policía requieren estar enmarcadas en procesos de reformas mayores sobre la institucionalidad pública y la relación general entre ciudadano y Estado.)

Para concluir, quisiera llamar la atención sobre algo que Bullard pasa completamente por alto:  la gran corrupción.  O sea, el problema de corrupción de la policía no se reduce a la interacción con los ciudadanos ni a la corrupción menuda.  De hecho, mis veinte luquitas que pagué hace más de 20 años no son nada comparadas con los montos que mueven problemas serios como las mafias en torno a los fondos para el combustible o para el rancho, ni las coimas en licitaciones para adquirir armas, equipos o vehículos.

PS: La foto de inicio la saqué de esta entrada.  El bloguero captó el momento del soborno en plena carretera.

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2 pensamientos en “¿El lastre de la corrupción policial?

  1. Pingback: (Anti)corrupción en la policía: avances y pendientes | Corrupción 101

  2. Pingback: (Anti-)Corruption in the Police: progress made and pending issues | space for transparency

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